jueves, 1 de diciembre de 2011

Modernos

Me hace gracia esta moda de los modernos, mire usted. Creía que iba a ser cosa pasajera, de dos telediarios, pero los jodíos parecen multiplicarse por esporas o algo así: cada día son más los que me cruzo por la calle, en los bares, en los perfiles de mis conocidos en Facebook. Y me hacen mucha gracia.

Veo a todos estos previamente pijos-perroflautas-punkies-rockeros-emos con sus jerséis de rombos y sus gafas de pasta tamaño XXXXL, algunos sin necesitarlas, y me entra la risa. Me entra la risa no sólo por su camaleónico estilo, que cambia según las modas como cambian las estaciones del año en mi querida Murcia (de forma radical, sin avisar, y siendo "más más" pijo-perroflauta-punkie-rockero-emo que nadie). Me da risa porque, tras años de seguir a la manada, parece que se crean únicos y diferentes.

¡Diferentes, dicen!Se visten en manada como aquellos a los que, probablemente, acosaran en el colegio, riéndose de ellos por ser...sí, diferentes. Pretenden ser algo que nunca fueron, algo que consideraban tan ofensivo como para despreciar a otros por ello, a base de ropa de Zara, Bershka o cualquier otra gran cadena mayorista, presente en cientos de países con las mismas decenas de modelitos que ellos creen únicos.

Se visten con ropa de sus abuelos, que ahora le llama vintage y es cool; ven pelis europeas en V.O, cuando antes iban a todos los estrenos de la saga "American Pie"; y pasean bajo el brazo el "Ulises" de Joyce o "La Metamorfosis" de Kafka cuando antes se enorgullecían de no haber leído un libro en su vida. En resumen, se han convertido en copias industriales de aquellos a los que antes se las hicieron pasar putas.

"Es que lo críos son crueles", dicen. ¿Y los adolescente?¿Y los no tan adolescentes?"Es que estábamos buscando nuestro lugar en el mundo, nuestro yo". Vale, a los 13; vale, a los 18; vale, a los 20...pero, ¿a los veintipico-treintaitantos?¿Y qué excusa pondréis cuando cambie el viento y seáis, vete tu a saber, skaters?

Por eso me hacen mucha gracia cuando los veo, tratando de ser diferentes con sus camisetas "Made in Taiwan", con sus cds (o vinilos, que ya es lo más) de grupos que no habían escuchado en su vida pero que ahora, de repente, son sus favoritos "desde siempre" y sus zapatillas retro imitación de las J'Hayber que nunca tuvieron porque entonces lo que molaba era tener unas Adidas o unas Nike.

Y es que ser diferente no es algo que se compre en los centros comerciales, ser diferente no es ser moderno. Ser diferente es algo con lo que, por suerte y en muchos casos por desgracia, se nace. Ser diferente es ser discriminado, ser diferente es no tener amigos o tener muy pocos, ser diferente es una adolescencia jodida, ser diferente es sentirte solo y fuera de lugar muchas veces, ser diferente es complicado. Hasta que encuentras a otros diferentes, como tu, y entonces te das cuenta de que no eres diferente, eres auténtico.

Por eso me hacen mucha gracia los modernos, antes pijos-perroflautas-punkies-rockeros-emos, todos como borregos, muchos habiéndose reído de los que antes eran como ahora son ellos. Por eso me hacen puta la gracia los modernos.

martes, 19 de abril de 2011

Los sueños me escupen realidades incómodas

Los sueños me escupen realidades incómodas a la cara. Me atacan, vulnerable, dormida, jadeando miedo e incoherencias. Me despiertan, crueles, sudor frío en la sofocante habitación. Y el terror, el terror de que no sea sólo un sueño. Me escupen secretos escondidos que no puedo tragar despierta, porque las arcadas son demasiado profundas y nunca he llevado demasiado bien el dolor de estómago.

jueves, 3 de marzo de 2011

El aviador

La tarde se deshilachaba como una nube de algodón, rosa, ligera y dulce, tras las primeras luces de la noche. Observaba el trasiego de la gente, a ratos apurada, a ratos indolente, que deambulaba por la enorme explanada de tierra y piedras. Los sonidos del ambiente se mezclaban con esa multitud de voces, demasiado lejanas para resultar atronadoras, un simple murmullo de abejas obreras que casi lo tranquilizaba. Sonriendo con satisfacción oteó una vez más el panorama para asegurarse de que nadie se había fijado en él y su pequeño puestecito, le encantaba su trabajo.

Se giró hacia el interior oscuro de su caseta y se dedicó a reacomodar los trofeos delicadamente, casi con mimo, mientras les hablaba de su día, otro como tantos, otro único. Por eso no la vio venir. Por eso, lo primero que le golpeó fue su olor. Un olor a rayos de sol de una tarde de mayo, a las gotas de lluvia que se enredan en la hierba tras la tormenta, a columpios y papel pinocho, un olor a ganas de feria.

Leo se calzó su mejor sonrisa, la que reservaba para sus mejores clientes y se giró. Por un momento, contempló desconcertado una cinturilla escuálida, mientras sus ojos ascendían rápidamente otro metro y pico para toparse con las pecas más bonitas del mundo. Definitivamente, eso no era un niño.

- ¿Cuánto pides por el aviador? – preguntó Clarette con su voz de jilguero.

- Yo...em...uh...No...No está a la venta – aturdido todavía, Leo contestó a trompicones. ¿Qué le estaba pasando?

Clarette gorjeó con su risa de campanillas, la que hacía que se ablandasen incluso los negros ojos de Selene, e iluminó la caseta con su luz de amanecer.

Leo, desarmado, solo podía contemplarla, intentando imaginarse de dónde venía ese olor a manzana de caramelo si el puesto de la vieja Puri hacía tiempo que no los acompañaba.

- Bueno, entonces, ¿cómo puedo ganármelo? – Clarette continuaba con sus inmensos ojos clavados en el peluche, un osito marrón de lo más normal, tocado por un pequeño gorrito negro con gafas de aviador y una raída bufanda que había conocido tiempos mejores.

A Leo le hubiera gustado decirle que ya se lo había ganado. Que se había ganado el puesto entero, incluido él, solo por el mero hecho de haberle alegrado el día, la semana y la vida. Pero por su honor de feriante el premio debía ganarse, así que indicó, aturullado, la pequeña montañita de pelotas multicolores.

- Tienes que tirarlo – susurró apenas, sintiendo como se fundía en su rubor

- ¡Oh! – exclamó Clarette abriendo mucho los ojos, tanto, que él temió que se le desbordaran- ¡qué cosa tan horrible!¿Cómo va a querer volar conmigo si le tiro pelotas?

- ¿Volar contigo?- Leo estaba desconcertado, no sabía si lo que tenía enfrente era una lunática o la mujer más maravillosa del mundo.

- ¡Claro! ¿Para qué voy a querer un oso aviador si no es para volar conmigo?- ahora el desconcierto se relejaba en la cara de Clarette, como si aquello fuera lo más obvio del mundo.

La frente arrugada de Clarette acabó de rematar al pobre Leo. Angustiado, quiso borrar esa mueca de su rostro, alisarle la frágil piel pasándole el dedo, borrar cualquier dolor que pudiera amenazar ese pequeño cuerpecillo. Y Leo, que nunca nunca nunca había traicionado su honor de feriante, desde que el padre de su padre heredase el pequeño puesto, claudicó.

- Haremos una cosa, ¿de acuerdo?- Leo sonrió con la mera idea de hacer algo que pudiera agradar a aquel maravilloso ser- Puedes tirar cualquier otro objeto del puesto y, si me dejas que te compre palomitas de colores, te quedas con el oso.

Los ojos de Clarette relampaguearon de gozo y un pequeño hoyuelo se dibujó en su mejilla.

- Me parece un trato justo- replicó con fingida dignidad mientras, con su sonrisa de niña pequeña, cogía una de las pelotas de colores y apuntaba, directamente, a una avioneta amarilla de metal.

lunes, 7 de febrero de 2011

Tardes de enero

Les gustaba hacerse un pequeño fortín de mantas y amor en el sofá, sobre todo los domingos de enero por la tarde. Se atrincheraban entre cojines, besos y latidos acelerados y así aguantaban las embestidas de las tardes azules y violetas que morían desde su ventana. Ella refugiaba su pequeño cuerpecillo apretándose contra él, su pelo reptando en curvas imposibles por su pecho, un caos de piernas y brazos enredados. Solo existía el sonido de su corazón y los colores de la muerte de otro día de enero. A veces le gustaba que fuera él quien buscase refugio en su pecho, como el niño pequeño que se asomaba a sus ojos cuando reía y hacía que se fundiera el hielo. Se refugiaban en el sofá y volaban tan alto como sus sueños, sitiéndose inmortales, al calor del amor, luchándo contra el mundo y las tardes de enero.

sábado, 8 de enero de 2011

Ángeles de bruma


Os conozco. Vosotras no lo sabeis, pero yo os conozco. Me cruzo con vosotras por la calle, en el cine, en los bares y os reconozco. Nunca habéis oido hablar de mi ni yo se vuestro nombre, vuestra historia, pero, aun así, siento que os conozco. Como un amigo de la infancia que ves inesperadamente en una foto.

Os cruzáis conmigo, con vuestras miradas de ojos opacos, vacíos de toda vida, que miran sin ver, ajenos al mundo que los rodea. Os cruzáis conmigo y reconozco vuestros rostros marmóleos, de piel tan fina que apenas el roce del aire la pudiera romper. Reconozco vuestras articulaciones prominentes, cansadas, que sobresalen a ambos lados de los músculos que se esfuerzan en unir y mantener erguidos. Reconozco vuestras ropas danzar a vuestro alrededor como una suerte de fantásmas de algún macabro baile de almas en pena. Reconozco las ojeras, perennes, bajo unos párpados demasiado cansados, a los que les cuesta dormir y que ya no recuerdan un sueño sin pesadillas. Reconozco el frío, que se nota en la cara, en el exceso de ropa, en la forma de andar, encorvadas sobre vosotras mismas. Reconozco vuestros trucos, vuestros secretos, vuestras mentiras. Y, sobre todo, reconozco esa infinita tristeza, esa amargura, ese dolor que os acompaña, como una sombra, incluso cuando esbozáis lo que antes fue una sonrisa. Quizá no conozca vuestro nombre, vuestra historia, vuestros alfileres clavados; pero hay tantas astillas comunes que mis uñas laten al recordarlas.

Os reconozco porque yo he estado ahí. Más o menos profundo, más o menos doloroso, pero ahí. Os reconozco porque en mi habita en monstruo que os tortura. Porque solo quien ha estado en el infierno reconoce a otro condenado.

Mi monstruo hace tiempo que está encadenado. Encerrado en una celda profunda, secreta, en lo más hondo de mi infierno. Ya casi no hace daño. Casi. A veces lo oigo rugir, lejano, tirar de las cadenas desesperado. Pero ya no puede alcanzarme, ya no puede hacerme más daño.

Han sido demasiadas las lágrimas, pero lo he doblegado. He dejado de ser ese ángel de bruma, etereo, frágil, condenado. Y no voy a engañaros, duele; pero, como nos decian de pequeños "si duele es porque está curando". El camino es duro, pero debéis andarlo; preparaos para tropezar, coged a alguien de la mano; os llagaréis los pies y el alma, tendréis miedo del futuro pero, al final, encallecidas y, por fin, sonriendo de nuevo, como antes, lograréis derrotarlo.

Y yo ya no os conoceré por la calle, ya no sereís ángeles de bruma, el monstruo del espejo estará encadenado.

lunes, 3 de enero de 2011

Sidewalk Empire

Aunque hace mucho tiempo que no hago uno de mis celebérrimos post-ensayoopinativos (celebérrimos en mi casa, a la hora de comer, cuando se los leo a mi perrita que me mira con una cara entre la indiferencia y el hastío mientras sigue royendo su hueso favorito), hoy voy a hacer una excepción. Y es que ya me están tocando los atributos, señores y señoras, con la dichosa Ley Antitabaco. Es obvio que me quejo porque me toca, esto es, porque soy una chimenea pero es que, en los últimos días, los fumadores parecemos habernos convertido en unos parias, unos pobres chivos expiatorios de la rabia y la frustación nacionales que, créanme, poco o nada tienen que ver con el tabaco. Una cortina de humo más, y nunca mejor dicho, de este gobierno perdido, desorientado, que va dando palos de ciego mientras intenta desviar nuestra atención de su manifiesta incapacidad para gobernar (lo cual no quiere decir que los otros vayan a hacerlo mejor).

El caso es bien sabido. No se puede fumar. Punto. En ningún espacio cerrado ni en ciertos espacios habiertos. La ley más restrictiva de Europa, según dicen. Hasta aquí, todo "bien", así, entre comillas. Mi libertad empieza donde termina la del otros y bla bla bla...Más discursos del talante y del buen rollito. Pero, cuestión aparte de lo que me parezca la ley, lo que no comprendo (y perdónenme por mi ignorancia) es la caza de brujas que se ha desatado contra los fumadores. 311 denuncias decía hoy Facua que había recibido. 311. En 2 días. Señores, ¿nos hemos vuelto locos?¿Cuál es este afán de joder al prójimo sea como sea?Al menos, apárquenlo en Navidad, coño, por aquello del espíritu de falsa bondad que nos inunda a todos en estas fechas. ¿Qué ganan con que multen a un "desaprensivo" que se fuma un cigarro mientras vigila a su hijo en el parque?¿O al pobre camarero que SI, FUMA, pero no puede dejar la barra porque el bar está a tope?¿Escarmiento?¿Sed de venganza?¿Una triste sensación de poder y triunfo en sus, por otra parte, tristes vidas?Respeto, señores. Ese mismo que ustedes exigen y que niegan a los fumadores.

Y es que, me repito, sigo sin entenderlo. ¿Qué problema hay en habilitar "peceras" para nosotros, los parias, dentro de los bares?No "zonas", como decía la anterior ley, y que daban pie a que el empresario de turno pusiera un cartel de "ZONA DE FUMADORES" en la mitad del local y listo. Peceras, espacios separados, un lugar donde tomarte el café o la copa tranquilamente, sin pasar frío ni calor, y sin molestar al resto. Porque no se el resto que harán pero una servidora, personalmente, si no puede echarse un piti tranquilamente mientras se toma el cafe con las amigas, se lo tamará en su casa, que es más barato y encima hay leche de soja, que la lactosa le cae regular. Y para aquellos que digan que para eso están las terrazas les diré: salid vosotros el 3 de Enero a una terraza, a ver qué gusto da, por mucha estufa y mucho plástico que haya. Y luego está el verano, que no sé en el resto de España, pero aquí, en mi tierra "Qué hermosa eres" con 45ºC a la sombra va a salir Clavijo a fumar a la calle, porque, que yo sepa, aún no se han inventado "setas" de esas que den frío. Además, no se si nadie lo ha pensado pero, tener derecho a terraza es algo caro, muy caro. Se paga por número de sillas, por mesas y no se pueden instalar en cualquier lugar, solo donde haya espacio suficiente para el paso y la terraza. ¿Cuántos bares pequeños no podrán permitirsela por la crisis?¿Cuánto "amiguismo" habrá a la hora de conceder y renovar las licencias?¿Cuánto se inflarán los precios por el esceso de demanda?¿Cuántos parados más vamos a crear?

Dicen también los que apoyan la ley que se evitarán gastos sanitarios en "rehabilitar" fumadores o en luchar contra el cancer de pulmón. Bien, ¿sabías que el porcentaje de casos por cáncer de pulmon en varones en España es del 18.4% y del 3.2% en las mujeres? Parece mucho, ¿verdad?¿Y si os digo que el porcentaje de obesidad infantil, en niños de entre 2 y 17 años, en España es del 27.6%?Esto debe ser, como poco, un aberración. Entonces, ¿por qué no prohibir los restaurantes de comida rápida, la bollería industrial, los snacks salados, las madres irresponsables que dan a sus hijos fritangas varias?¿No es eso más grave?¿No nos ahorraría esto millones en futuros tratamientos para obesos mórbidos y sus problemas derivados?

Dicen además (y esto es de lo que más gracias me hace, no lo puedo evitar? que así nos acercamos más a la Europa civilizada, al del norte, donde no se puede fumar casi en ningún lado. No acercamos más a la Europa civilizada, los cojones. Un país cuya fiesta nacional supone la tortura y el maltrato brutal de un animal; un pais donde cualquier soplagaitas chulo putas y/o su ramera de turno tienen acceso al prime time de cualquier cadena nacional pasando por delante y con más prestigio "profesional" que gente con 5 años de carrera a las espaldas; un pais a la cola del informe PISA, con unas tasas de abandono escolar que dan miedo; un pais primer consumidor MUNDIAL de cocaína (y encima, orgullosos de ser los primeros); un país donde un acto cultural, artístico, de música independiente es una joya rara solo disponible en grandes capitales y en dosis homeopáticas; un pais donde hay que luchar porque pongan carriles bici en las ciudades. Acarcarnos a la Europa civilizada, claro, lo que ustedes digan.

Reflexionando sobre todo esto, no podía evitar acordarme de la serie Boardwalk Empire, de HBO, centrada en la época de la "Ley Seca" en EE.UU con sus reaccionarios (en este caso, reaccionarias) de las Temperance Leage (O Movement)y sus enérgicas denuncias, campañas y protestas contra el alcohol; de los subterfugios (legales o no tan legales) buscados por los bares para seguir sirviendo algo que un gran porcentaje de la clientela demandaba; las penas y multas; los funcionarios del gobiernos sin nada mejor que hacer que perdeguir a pobres borrachuzos y bares que no tenían otro modo de subsistir; y cómo un paseo marítimo se convertía en el centro de toda esta acción...Pero, esto era diferente. El alcohol estaba prohibido, no su consumo (aqui pasa al revés, porque ningún gobierno es tan estúpido como para prohibir el tabaco, que le damos muuuuuuuuuuuchos impuestos), la gente tenía una mentalidad más cerrada, eran los años 20 del siglo pasado...Eso nunca pasará aqui. ¿Verdad?...¿VERDAD?

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Mi casualidad favorita

Buscando refugiarme en los contornos de tu cuerpo, aún me sorprende encajar a la perfección. Y si esto no es comer perdices, que vengan los cuentos y nos lo discutan, que me sobra mala leche de madrastra para defender nuestro por siempre jamás. Y es que te has convertido en mi casualidad favorita, y eso que ha habido demasiadas ya en esta vida de madeja de alambres enredada que arrastro conmigo al caminar. Y aunque las truchas no nos gusten y no haga falta que te lo repita, el día menos pensado aparezco con un loro, uno de esos enormes, verdiazules, para que lo plantes en medio del salón. Te lo juro.