jueves, 21 de octubre de 2010

Clarette come amaneceres


Clarette se alimentaba de amaneceres. Yo nunca la entendí, siempre había pensado que la oscuridad tenía mejor sabor, pero ella se los comía a cucharadas con esos inmensos ojos azules suyos, nunca satisfecha, como una niña golosa a solas con un bote de Nocilla.

Decía que sus favoritos eran los de Noviembre, cuando el cielo estaba medio naranja medio amarillo, como en llamas, y la tierra aún azul oscuro con girones de niebla rodeando las montañas. Con una sonrisa en la boca, comiendose el nuevo día a grandes cucharadas, me repetía que eran más sabrosos, un poco ácidos y que los girones de niebla le hacían cosquillas en el paladar al fundirse su frío.

Yo siempre había preferido la noche, pero oyendo a Clarette hablar, con las mejillas encendidas de sus amaneceres favoritos,era imposible no dejarse llevar por el entusiasmo que derramaban sus ojos de cielo líquido.

martes, 24 de agosto de 2010

Llanto y molinillos II


Andábamos en silencio, arropados por el zumbido de los coches, como abejorros, que volaban por la avenida, a nuestro lado. Yo iba entre triste y enfurruñada, meditabunda, volaba como los coches y los abejorros, lejos, muy alto, pero a tu lado.

Te retrasaste un poco y me giré a ver qué pasaba. Te agachaste y te acercaste hacia mí con las manos cerradas, como si llevaras un tesoro pequeño y frágil entre ellas, y tu sonrisa pícara favorita colgada de los labios.

Yo te miraba entre curiosa y deslumbrada, como me pasa siempre que sonríes, mientras te acercabas.

- ¿Que pasa?- te pregunté, siempre impaciente

Te pusiste a mi lado y abriste las manos despacito, con calma, como quién desvela un secreto maravilloso y fascinante.

- Pide un deseo- dijiste, sin dejar de sonreír- ah! y sopla...

Un pequeño molinillo blanco, frágil y maravilloso, descansaba en el hueco de tus manos.

Llanto y molinillos I



Tumbada boca arriba en la cama, empecé a llorar. Lloraba de tristeza y de rabia, de desilusión y sueños rotos, de agobio que te oprime el pecho y no te deja respirar. Lloraba lento y bajito, un llanto tranquilo, de esos reposados, como los buenos vinos. Las lágrimas se deslizaban perezosas por mi sudada mejilla y mojaban la almohada poco a poco, haciendo un charquito de pena húmeda donde había creado los sueños que ahora me robaban.

Lloraba sola, como tantas otras veces, hasta que te diste cuenta y rodaste a mi lado.

- Ven aquí

Y me obligaste a girarme también hacia tí, como cuando empezábamos a besarnos antes de hacer el amor. Solo que, esta vez, te limitaste a abrazarme, me atrapaste entre la almohada, ya un mar sin remedio, y tu mejilla caliente.

- Te voy a mojar
- Me da igual

Me dejaste ahí, llorando, murmurando incoherencias sobre mi rabia y mi pena. Y me besabas las lágrimas, te bebías mi tristeza para sacarla dentro de mí, para compartir un poquito el peso de los escombros de mi ilusión.

Me abrazaste hasta que me calme, en silencio, me secaste la mejilla con el dorso de la mano y esperaste.

- Vamos, tengo ganas de dar un paseo

miércoles, 21 de julio de 2010

El acero de tus ojos

Te ríes con los ojos. Eso es lo que más me gusta de ti. Mil estrellas chispean en tu mirada, como las bengalas que me encantaban cuando era una cría, y me queman, como lo hacían la pequeñas brasitas que saltaban a mis manos, aún incandescentes, miles de pequeños picotazos que no hacían daño. Pones esa expresión pícara, de niño travieso, que me vuelve loca y se te arrugan las comisuras de los ojos. Te ríes con lo ojos y tus chispas encienden mi bengala, y mis ojos se ríen también. Y me quedo mirándote y me pierdo, fundiéndome en el cálido acero de tus ojos.

miércoles, 2 de junio de 2010

Algo extraordinario

Algo extraordinario; como tu, como nuestra amistad, como el cariño y el respeto que siento por ti. Algo extraordinario; como las risas y los momentos compartidos; como algo extraordinario, como esa loca promesa que un día hicimos; por primera vez en mi vida, he eliminado una entrada, porque no hay nada en este mundo que tenga derecho a darte miedo.

Y recuerda

"mientras arda el Sol, serás ardiente
mientras dure la vida, estarás vivo"

martes, 25 de mayo de 2010

Curioso movimiento pendular

Es curioso el movimiento pendular, creo...Oscila de un lado a otro, de un punto álgido en el que casi (y solo casi) parece alcanzar el equilibrio para de nuevo precipitarse al vacío y más tarde remontar, esta vez en el extremo opueso, hasta ese punto de (casi) equilibrio.

Es ese continuo movimiento de vaiven, de transición entre estados que se repiten pero nunca son el mismo lo que constituye su esencia, lo que lo caracteriza, lo que me fascina...

Porque además ese vaiven se comunica de modo que, si pones lo suficientemente cerca un pendulo de otros, su búsqueda se hara común, se transmitiran entre si ese movimiento de pretensión de equilibrio...Como esas redes de relaciones humanas, esas telas de araña que nos entremezclan y cruzan nuestros caminos como sus hebras (a veces de forma casual e instantánaea, otras, por fortuna, de un modo más perdurable) estos pendulos se relacionan y se hacen humanos...O quiza es que somos los humanos el péndulo...Nosostros en nuestra constante e inacabable búsqueda del equilibrio, de ese punto álgido en el que parecemos flotar... Ese instante mágico que a veces se nos regala, pero que es tan fugaz que cuando acaba (y por desgracia lo hace siempre) siempre queremos más...Y entonces nos precipitamos al abismo, para volver inevitablemente a ascender en el otro extremo de la cuerda, en pos de ese punto álgido.

Y también nos relacionamos, de modo que si nos acercamos lo suficiente a otros, podremos coordinar esa búsqueda del quimérico equilibrio y ahí está la magia del movimiento pendular...

Ese que siempre se repite pero que siempre es diferente, que nos eleva y nos hunde, que nos acerca y entrecruza y siempre volver a empezar (aunqu sea en el extremo opuesto)

Quizá es por eso que me fascina el movimiento pendular...

miércoles, 21 de abril de 2010

Amor a bocajarro


- Te quiero.

Me lo soltaste así, a bocajarro, sin anestesia ni nada. Tus ojos inmensamente azules se clavaban en los míos, tanto, que me helaba por dentro y, a pesar del calor de nuestros cuerpos enlazados, me estremecí. Nunca antes lo habías hecho, nunca dabas el primer paso, yo solía arrancartelo con una confesión precipitada, jadeánte, cuando estábamos en la cama.

-Te quiero mucho.

Yo estaba mareada, como cuando de pequeña jugaba a dar vueltas y más vueltas hasta que andaba dando tumbos y me caía de culo o me pelaba las rodillas. Y tus ojos seguían mirándome y yo tuve que hundir mi cara en tu pecho para escapar de su penetrante hipnotismo, para poder pensar con claridad absorta en tu olor.

Tu corazón retumbaba en mis sienes, tapándo el resto de sonidos del mundo; saturabas mis sentidos como una buena droga, de esas que te hacen volar alto y sin miedo y yo me perdia en el estupor de tu cuerpo y esas tres palabras.

Al fin, de algún modo consciente de que esperabas una respuesta, mis labios acertaron a articular.

-Yo también te quiero.

Y el mundo despareció entre tus labios.